Greg Baker es el primer mecánico del monoplaza de Jarno Trulli. Mezcla de pasión y responsabilidad, no cambiaría su puesto por nada del mundo.
Los fines de semana en los que hay gran premio, el equipo Renault cuenta con menos de cien metros cuadrados para trabajar con tres monoplazas. En estas condiciones, es fundamental trabajar con rapidez y eficacia. Cada chasis tiene su propio grupo de hombres de azul y amarillo y el mecánico número uno tiene bajo su responsabilidad todo el coche. Pero no está solo: cuenta con dos mecánicos número dos (uno para la parte delantera y otro por la trasera), con un encargado de los elementos, un especialista en el aspecto hidráulico y un responsable de la caja de cambios. Además, a este grupo hay que sumar otros tres mecánicos polivalentes. En total, nueve personas se ocupan de cada R24. A la cabeza de la organización se encuentran los mecánicos de Viry-Châtillon, que se encargan de velar por los V10. Asimismo, otros grupos conviven en el box: los ingenieros que trabajan con el chasis y el motor, los responsables de electrónica, los representantes de Michelin encargados de los neumáticos, los de Elf para lubricantes y carburantes, el personal de Hitco para los frenos…
Hay tantas personas trabajando en el mismo espacio, que resulta complicado alcanzar la perfección. Precisamente ése es el reto de Greg Baker: supervisar el trabajo llevado a cabo en el monoplaza de Jarno Trulli en todos los grandes premios de la temporada.
Le Mans, turismo y…F1
Como la mayoría de sus compañeros, el británico estudió en una escuela de carreras. Recuerda aquellos días con nostalgia: "Aún me acuerdo de los días que pasé en el circuito de Oulton Park, a pocos kilómetros de nuestra casa…" . Baker reconoce que su vocación viene de largo: "Desde pequeño sabía que el deporte del automóvil sería mi vida", comenta. Antes de llegar a la F1, pasó una etapa trabajando con coches deportivos (Jaguar, 1990 y 1991) y en campeonatos de turismos nacionales (equipo Williams BTCC inglés, Alfa Romeo en DTM alemán). Tras estos años, en 1997 por fin entró a formar parte de la F1 de la mano de Arrows. Damon Hill, campeón del mundo actual, era el piloto número uno del equipo. Ese mismo año, le faltó poco en Budapest para ganarlo. "Hasta 2004, la carrera ha sido el mejor y el peor souvenir de mi trabajo", sonríe Greg. En 1998 llegó a ser mecánico número uno, puesto que conservó a su llegada a Renault en noviembre de 2001.
Una vida dedicada a las carreras
El cambio de reglamento de la última temporada ha dificultado el trabajo de los mecánicos. Antes, podían dar los últimos retoques a su monoplaza hasta muy pocos minutos antes de empezar la carrera, pero ahora lo tienen que dejar listo antes de las calificaciones del sábado. Greg explica que "la presión es enorme y el tiempo disponible limitado. Tenemos que prestar mucha atención porque cometer un error es fácil". Cuando el monoplaza está en la pista, no pierde detalle de la carrera y si ve que disminuye la velocidad, se pregunta: "¿Es un problema mecánico? Si es así, ¿es fallo mío?" Los mecánicos nunca pierden de vista los monoplazas.
La relación con el piloto también es especial. "Jarno es un buen tipo", dice Greg, "una de las mejores personas con las que he trabajado. Aunque alguna vez se salga de la carrera, preferimos a un piloto que lo dé todo a cualquier otra cosa". A diferencia de otros equipos en el paddock, la filosofía de Renault es disfrutar con el trabajo. La música, por ejemplo, siempre suena en el garaje. "Todo el mundo aquí adora su trabajo", concluye Greg, "¿la disciplina? Es necesaria, pero no hay que abusar de ella. Cada uno conoce cuáles son sus responsabilidades".