El trazado de Nürburgring no presenta ninguna exigencia especialmente severa para los motores, que además se ven beneficiados por el hecho de que el circuito está situado en altitud, a unos 500 metros por encima del nivel del mar. La baja densidad del aire supone que el motor genere menos potencia (aproximadamente un 5%), pero también reduce la presión que deben soportar algunas partes del motor como los pistones.
El motor trabaja a máximo régimen únicamente durante el 56% de la vuelta, lo que le sitúa por debajo de la media de la temporada que está en un 61%. El periodo más largo de aceleración máxima apenas supera los diez segundos, así que el principal reto del equipo de motor es asegurarse de que la unidad ofrece un buen rendimiento a bajas revoluciones para poder salir bien de las curvas lentas, y en especial de la curva 7.
El circuito incluye algunos cambios de altura, pero ninguno de ellos es lo suficientemente importante como para que puedan preocupar desde el punto de vista del motor. Eso sí, la pista está bastante bacheada y si los pilotos no siguen la trazada correcta, eso puede acabar dañando al motor al tener que hacer un uso excesivo del limitador de vueltas o al pasarse de revoluciones.