
Junto con el Gran Premio de Gran Bretaña, el Gran Premio de Italia es el único que ha figurado siempre en el calendario del Campeonato del Mundo de Fórmula 1 desde su creación en 1950 y 56 de las 57 ediciones se han celebrado en el histórico Autodromo Nazionale di Monza, construido en 1922.
Monza es el circuito más rápido del calendario, con un media de velocidad de aproximadamente 250 km/h. Aunque los equipos utilizan una configuración de baja carga aerodinámica en Canadá y Estados Unidos, Monza requiere el desarrollo de un conjunto aerodinámico específico para poder alcanzar velocidades punta de hasta 340 km/h.
A menudo se habla de conjunto de "ultra baja carga aerodinámica", pero el parámetro crítico es el del rozamiento, es decir, intentar reducirlo al máximo para poder alcanzar la mayor velocidad posible. En el túnel de viento, los equipos se centran en la evaluación de diseños de alerones ultra eficientes, que normalmente son muy distintos entre unos equipos y otros.
Naturalmente, esos alerones tan específicos también generan un menor apoyo aerodinámico. El conjunto aerodinámico para Monza genera aproximadamente un 20% menos de apoyo aerodinámico a 250 km/h que el que se utiliza en Mónaco.
El agarre mecánico, la estabilidad y la capacidad para negociar determinadas zonas del circuito son los aspectos más importantes de la puesta a punto del coche en Monza. El agarre mecánico es esencial por los bajos niveles de carga aerodinámica con los que se corre. Una buena estabilidad en las frenadas es básica, ya que los pilotos se pasan el 15% de la vuelta utilizando los frenos. Y por último, es imprescindible que los pilotos puedan negociar de forma agresiva los bordillos de las chicanes para poder marcar un buen tiempo.
El coche también debe responder bien a los cambios de dirección en las chicanes de baja y media velocidad, y disponer de una potente tracción para la salida de las curvas lentas. Igualmente, una buena estabilidad en las frenadas es necesaria para que los pilotos puedan atacar las fuertes frenadas del circuito con confianza. Los ingenieros intentan configurar los coches con la altura mínima posible para obtener así el máximo rendimiento aerodinámico. Pero para evitar que el monoplaza pueda tocar el asfalto en las zonas más rápidas, se utilizan unas gomas sobre las que el coche se asienta cuando soporta las mayores presiones.
Los coches están durante un 15% de la vuelta frenando, lo que implica que se trata de un aspecto en el que se puede ganar tiempo por vuelta. La puesta a punto mecánica debe ir dirigida a mejorar la confianza de los pilotos con una buena estabilidad en las frenadas, además de prestar una atención especial al sistema de frenos en si mismo.
Los frenos trabajan y mucho en Monza, especialmente en la entrada a la curva 1, donde los coches deben bajar unos 300 km/h y se experimentan fuerzas que llegan a los 4,5G. También hay que prestar una especial atención a la refrigeración de los frenos para asegurarse de un óptimo rendimiento.
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